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En el patio de mi apartamento de Barcelona crece un mandarino regalo de una amiga de una amiga que ahora ya es mi amiga. A escasos metros del mandarino pierde su color rojo intenso una planta que compré nada más llegar a esta ciudad, aún a pesar de esforzarme en darle todos los cuidados que necesita. En el otro extremo de la casa, en mi habitación, un pequeño cactus con un injerto rojo en la parte superior empieza a palidecer y amenaza con ponerse mustio. Hace unos días decidí sacarlo al balcón para que le diera un poco más de luz.
A veces, uno se esfuerza en cuidar lo que más quiere, pero la Naturaleza tiene sus propias reglas. Otras veces, uno quiere querer lo que más cuida, pero la naturaleza humana es caprichosa y también tiene sus propias reglas.
Y mientras tanto, en silencio y sin grandes aspavientos, crece un mandarino en el patio de mi apartamento. Y yo me siento en mi habitación a escribir sobre ello.
A veces, uno se esfuerza en cuidar lo que más quiere, pero la Naturaleza tiene sus propias reglas. Otras veces, uno quiere querer lo que más cuida, pero la naturaleza humana es caprichosa y también tiene sus propias reglas.
Y mientras tanto, en silencio y sin grandes aspavientos, crece un mandarino en el patio de mi apartamento. Y yo me siento en mi habitación a escribir sobre ello.


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